Julio Cesar Navarro

Administrador

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  El  presente informe  ha sido tomada a partir de los datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en noviembre de 2005, la Royal Society de Canadá (1999);  una revisión de la relación entre las antenas de teléfonos celulares y  parabólicas, realizado por un comité de expertos del Reino Unido (IEGMP 2000).Dedicada al medio ambiente, ollo

 

EFECTOS SOBRE LA SALUD

ANTENAS DE TELEFONOS  CELULARES Y PARABOLICAS

 

  El mercado de los teléfonos móviles o celulares está en clara expansión. Mientras que en algunos países más del 50% de la población ya los utiliza, se estima que en el año 2005 habrá cerca de 1600 millones de abonados de este sistema en el planeta. Frente a esta realidad, un número creciente de estaciones y antenas han debido ser instaladas. A inicios del año 2000 había alrededor de 20.000 estaciones bases operativas en el Reino Unido y unos 82 000 sitios en los Estados Unidos, con cada sitio conteniendo una o más estaciones base.

Las antenas de telefonía celular y parabólicas en Colombia y otros países están siendo instaladas en la azotea de los edificios, desde donde envían y reciben señales de todos los teléfonos y televisores que se desplazan por su zona. Estas señales, se denominan ondas electromagnéticas.

Estas ondas son absorbidas fácilmente por el cuerpo humano, en el que producen unos determinados efectos biológicos. Pero el problema se plantea por la falta de acuerdo de los científicos sobre cuáles son los niveles perjudiciales.

En los últimos tiempos se ha buscado asociaciones entre la exposición a los campos electromagnéticos y enfermedades, especialmente leucemias, tumores cerebrales, cáncer de mama y de glándula pineal en trabajadores con vinculaciones directas en la parte tecnológica de esta empresas,  pero han sido cuestionados de forma sistemática, por no tener en cuenta numerosos factores e riesgo epidemiológico, necesarios para cualquier estudio serio de rigor científico.

Existe acuerdo en que cerca de la antena (en un radio de 3 a 6 metros) los niveles serían demasiado altos y perjudiciales para el ser humano, pudiendo producir efectos térmicos o calentamiento, en exposiciones cortas. Por eso se recomienda vallar las antenas y que el público no pueda acercarse a las mismas. Esto obviamente, podría plantear un problema con las antenas instaladas en las azoteas, ya que los pisos situados inmediatamente debajo y enfrente, recibirían de forma continua las emisiones más altas de campos electromagnéticos.

  Sin embargo, la OMS ha informado que las antenas orientan su energía al exterior y no irradian cantidades significativas de energía desde las superficies posteriores o hacia la cima o la base de la antena, y que los niveles de energía de RF dentro o en los lados del edificio normalmente son bajos.

  El problema se plantea además con las exposiciones a largo plazo. ¿Qué sucede cuando una persona vive, duerme, trabaja, juega o estudia, mes tras mes y año tras año, cerca de una antena de telefonía móvil celular ?.

 Su cuerpo se va a ver expuesto de manera continuada a niveles de emisión mucho más bajos que los que recomiendan las normas de protección, pero que sólo tienen en cuenta exposiciones cortas, por ejemplo de 6 minutos.

Si bien no se van a producir quemaduras ni calentamiento, que requieren niveles muy altos, muchos científicos alertan que se pueden producir otro tipo de efectos no térmicos, derivados de niveles mucho más bajos y de una exposición a largo plazo.

Es por esta razón que muchos países como Suiza, Italia, Suecia, los Países del Este, ciudades Australianas, y ciudades como Toronto (Canadá), Salzburgo (Austria), y últimamente algunas ciudades españolas, han establecido normas que obligan a situar las antenas a 100, 200 e incluso 500 metros de lugares habitados. En todo caso, estas normas establecen niveles de exposición para seres humanos muy inferiores a los que se permiten actualmente en el resto de los países, y hacen especial hincapié en apartar este tipo de instalaciones de colegios y residencias geriátricas, ya que algunos estudios científicos sugieren que niños y ancianos pueden ser los más afectados por una exposición continuada.

En estos países y ciudades, se está aplicando actualmente una política de precaución, ya que algunas investigaciones científicas han establecido que la población expuesta de forma continuada a niveles de radiación similares a los emitidos por las antenas de telefonía celular l podrían experimentar un incremento de: abortos, daños en el ADN, cambios en la actividad eléctrica del cerebro y en la presión sanguínea, descenso de los niveles de melatonina, depresiones, insomnio, dolores de cabeza, síndrome de fatiga crónica, afección del sistema inmunológico, cáncer, tumores cerebrales y leucemia infantil.  

Estudios recientes alertaron que las normas de seguridad para la exposición incontrolada (público) podrían incumplirse si las antenas se instalaran de tal manera que el público tuviera acceso a zonas situadas a menos de 6 metros de las propias antenas. Esto podría producirse en antenas instaladas en, o cerca de las azoteas de los edificios. Por lo que se desprende que las antenas tendrían que estar acotadas. Las antenas de telefonía móvil suelen ser isotópicas, es decir, emiten en todas direcciones por igual, y no en haces muy estrechos, como las parabólicas de satélites.

 Estas antenas de telefonía móvil dan cobertura a zonas geográficas de geometría hexagonal, es decir como a celdas de panal de abejas. Para conocer con exactitud la dosis que se está recibiendo, se debe conocer la densidad de potencia de salida de la antena, es decir la potencia de emisión, y la distancia a la que está una persona.

La opinión de la OMS

Entre las fuentes comunes de campos de radiofrecuencias cabe citar las siguientes: monitores y pantallas (3 - 30 kHz), aparatos de radio de amplitud modulada (30 kHz - 3 Mhz), calentadores industriales por inducción (0,3 - 3 MHz), termoselladores, aparatos para diatermia quirúrgica (3 - 30 Mhz), aparatos de radio de frecuencia modulada (30 - 300 Mhz), teléfonos móviles, receptores de televisión, hornos microondas, aparatos para diatermia quirúrgica (0,3 - 3 Ghz), aparatos de radar, dispositivos de enlace por satélite, sistemas de comunicaciones por microondas (3 - 30 Ghz) y radiaciones solares (3 - 300 Ghz).  

Los campos de radiofrecuencias son radiaciones no ionizantes. A diferencia de los rayos X y gamma, son demasiado débiles para romper los enlaces que mantienen unidas las moléculas en las células y, de ese modo, producir ionización. Sin embargo, los campos de radiofrecuencias pueden causar diferentes efectos en sistemas biológicos tales como células, plantas, animales o seres humanos. Esos efectos dependen de la frecuencia e intensidad del campo. Ahora bien, no todos ellos son perjudiciales para la salud.

Los campos de radiofrecuencias de más de 10 Ghz son absorbidos por la superficie de la piel, y es muy poca la energía que llega hasta los tejidos interiores.

La cantidad dosimétrica básica para campos de radiofrecuencias de más de 10 Ghz es la intensidad del campo medida como densidad de potencia en vatios por metro cuadrado (W/m2) o, para campos más débiles, en milivatios por metro cuadrado (mW/m2) o en microvatios por metro cuadrado (uW/m2).

Para que la exposición a campos de más de 10 Ghz produzca efectos perjudiciales para la salud, tales como catarata ocular y quemaduras cutáneas, se requiere densidades de potencias superiores a 1000 W/m2.

Esas potencias se producen en las inmediaciones de radares potentes, pero las normas vigentes en materia de exposición prohiben la presencia humana en esas zonas.

Los campos de radiofrecuencias de 1 Mhz a 10 Ghz penetran en los tejidos expuestos y producen calentamiento debido a la absorción de energía realizada. La profundidad de penetración del campo de radiofrecuencias en el tejido depende de la frecuencia del campo, siendo mayor en el caso de frecuencias bajas.

Según la Organización Mundial de la Salud, los campos de RF de 1 Mhz a 10 Ghz penetran los tejidos expuestos a profundidades que dependen de la frecuencia, hasta un centímetro en el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos celulares. La energía RF es absorbida en el cuerpo y produce calentamiento, pero el proceso termorregulatorio normal, disipa este calor.

 Todos los efectos establecidos debido a la exposición a la RF están relacionadas con el calentamiento.

 Los campos de radiofrecuencias de menos de 1 Mhz no producen calentamientos apreciables.

 La exposición a campos de radiofrecuencias y cáncer

Las evidencias científicas actuales indican que es improbable que la exposición a campos de RF, como los emitidos por los teléfonos móviles y sus antenas, induzca o produzca cáncer. Un gran número de estudios realizados en animales expuestos a campos de RF avala esta afirmación. 

Sin embargo, un estudio realizado en 1997 encontró que los campos de RF incrementan la tasa de ratones genéticamente manipulados que desarrollan leucemia, aunque las implicaciones de estos resultados para la salud humana no son claras. Según la investigación, los campos de radiofrecuencias similares a los utilizados en las telecomunicaciones móviles aumentan la incidencia del cáncer en ratones modificados genéticamente que hayan estado expuestos en la proximidad (0,65 m) de una antena de transmisión de radiofrecuencias. Por ello, se están realizando estudios complementarios para confirmar este hallazgo y la relevancia de estos resultados con el cáncer en seres humanos.

Se ha notificado también que la exposición a campos de radiofrecuencias de baja intensidad, insuficiente para producir calentamiento, altera la actividad eléctrica del cerebro en gatos y conejos, al modificar la movilidad de los iones de calcio. Este efecto se ha constatado asimismo en tejidos y células aislados.

Por otra parte, en tres estudios epidemiológicos recientes no se  encontró evidencia convincente del incremento de riesgo de cáncer o cualquier otra enfermedad debido al uso de teléfonos móviles.

Otros riesgos en la salud:

Algunos científicos han reportado otros efectos que incluyen cambios en la actividad normal del cerebro, en el tiempo de reacción y en los patrones de sueño. Estos efectos son mínimos y no tienen aparente significancia en la salud. Más estudios se están llevando a cabo al respecto.

Recomendaciones

En función de os datos anteriores, la OMS recomienda:

·                     Estricta adhesión a los estándares.

·                     Consulta con la Comunidad para la ubicación de Estaciones Base. El emplazamiento de las antenas debe ofrecer buena cobertura para la señal y debe ser de fácil acceso para su mantenimiento. Si bien los niveles de los campos de RF en torno a la estación base no deben ser considerados un riesgo a la salud, la decisión sobre su emplazamiento debe considerar tanto la estética como la susceptibilidad del público.

·                     La ubicación cerca de jardines de infancia, colegios y parques recreacionales debe tener especial consideración.

·                     Comunicación abierta y discusión entre los operadores de la telefonía móvil, los municipios locales y el público en general durante la etapa de planificación para una nueva antena o estación puede ayudar a lograr la comprensión del público y la aceptación de la nueva estación.

·                     Establecimiento de un sistema de información efectivo sobre la salud y la comunicación entre científicos, el gobierno, las industrias y el público en general para incrementar el entendimiento general acerca de la tecnología de la telefonía móvil. Esta información debe ser exacta y al mismo tiempo apropiada para el buen entendimiento de aquellos para quienes está dirigida.

En conclusión

La OMS ha identificado la necesidad de investigaciones que permitan hacer mejores evaluaciones de riesgo en la salud y promueve dichas investigaciones entre las agencias que puedan financiarlas. Hasta el momento las investigaciones arrojan los siguientes resultados:

Ninguna de las recientes revisiones ha concluido que la exposición a campos de RF de teléfonos móviles o a sus antenas tengan algún tipo de consecuencia adversa en la salud. Sin embargo, se han identificado vacíos en las investigaciones, que han determinado la ampliación de los estudios para hacer mejores evaluaciones de los riesgos. Los resultados finales se conocerán recién en el término de 3 a 4 años.

Para que la exposición a campos magnéticos de mas de 10 GHz produzca efectos perjudiciales para la salud, tales como catarata ocular y quemaduras cutáneas, se requieren "in situ" densidades de potencia superiores a 1 W/m2. Estas potencias no tienen lugar en la práctica, en la vida cotidiana, porque se emiten en la inmediación de potentes radares, y las normas vigentes en materia de exposición, prohíben la presencia humana en esas zonas acotadas (Boletín nº 183 de la OMS, mayo 1998).

Sin embargo...

El director del Proyecto de Investigación CEM, declaró hace poco que:

"Los teléfonos móviles en España han estado  desde hace menos de 10 años, y el periodo de incubación para el cáncer es de al menos 10 o 15 años. Por tanto, se necesita realizar estudios para que si hay un impacto, se puedan encontrar en un tiempo razonable".

En esta línea, la Unión Europea ha recomendado a los países miembros que adopten políticas de precaución, y que sigan investigando.

En el  año 1999, ante la preocupación y alarma social existente en el Reino Unido, y las peticiones de Ayuntamientos para que se establecieran criterios de instalación de antenas de telefonía móvil, el Ministerio de Sanidad británico, creó el "Grupo de Expertos Independientes en Telefonía Móvil", formado por médicos, biólogos, ingenieros, etc. Este grupo de expertos, emitió su Informe en mayo del año 2000, y de él cabe destacar la siguiente conclusión:

"Concluimos que no es posible en el momento presente afirmar que la exposición a radiofrecuencias (derivadas de la telefonía móvil y sus antenas) a niveles inferiores a los establecidos en las normas de seguridad nacionales, no tenga ningún efecto potencial adverso sobre la salud, y que las lagunas en el conocimiento son suficientes para justificar una política de precaución".  Y es que no existe acuerdo entre los científicos sobre si la exposición residencial a las ondas de una antena de telefonía móvil puede conllevar riesgos para la salud humana. Existe un amplio consenso respecto a que no ha sido demostrado que la exposición a estas ondas sea absolutamente segura.  

Este desacuerdo se produce porque es complicado realizar experimentos en laboratorios, por lo que hace falta esperar los estudios epidemiológicos. En definitiva, hay que esperar a que se empiecen a manifestar los síntomas y enfermedades en la población expuesta. Esto  tardará todavía algunos años, ya que la tecnología de telecomunicaciones móvil, y la exposición masiva de grupos de ciudadanos a las ondas de sus teléfonos y antenas, es un fenómeno muy reciente.

  Mientras tanto, se impone la adopción del principio de precaución.

 

A.P.S CopropiedadesLTDA.

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