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Julio Cesar Navarro Administrador |
El presente informe ha sido tomada a partir de los datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en noviembre de 2005, la Royal Society de Canadá (1999); una revisión de la relación entre las antenas de teléfonos celulares y parabólicas, realizado por un comité de expertos del Reino Unido (IEGMP 2000).Dedicada al medio ambiente, ollo
EFECTOS
SOBRE LA SALUD
ANTENAS DE TELEFONOS CELULARES Y PARABOLICAS
Estas
ondas son absorbidas fácilmente por el cuerpo humano, en el que producen unos
determinados efectos biológicos. Pero el problema se plantea por la falta de
acuerdo de los científicos sobre cuáles son los niveles perjudiciales.
En
los últimos tiempos se ha buscado asociaciones entre la exposición a los
campos electromagnéticos y enfermedades, especialmente leucemias, tumores
cerebrales, cáncer de mama y de glándula pineal en trabajadores con
vinculaciones directas en la parte tecnológica de esta empresas, pero han sido cuestionados de forma sistemática, por no tener
en cuenta numerosos factores e riesgo epidemiológico, necesarios para
cualquier estudio serio de rigor científico.
Existe
acuerdo en que cerca de la antena (en un radio de 3 a 6 metros) los niveles
serían demasiado altos y perjudiciales para el ser humano, pudiendo producir
efectos térmicos o calentamiento, en exposiciones cortas. Por eso se
recomienda vallar las antenas y que el público no pueda acercarse a las
mismas. Esto obviamente, podría plantear un problema con las antenas
instaladas en las azoteas, ya que los pisos situados inmediatamente debajo y
enfrente, recibirían de forma continua las emisiones más altas de campos
electromagnéticos.
Su cuerpo se va a ver
expuesto de manera continuada a niveles de emisión mucho más bajos que los
que recomiendan las normas de protección, pero que sólo tienen en cuenta
exposiciones cortas, por ejemplo de 6 minutos.
Si
bien no se van a producir quemaduras ni calentamiento, que requieren niveles
muy altos, muchos científicos alertan que se pueden producir otro tipo de
efectos no térmicos, derivados de niveles mucho más bajos y de una exposición
a largo plazo.
Es
por esta razón que muchos países como Suiza, Italia, Suecia, los Países del
Este, ciudades Australianas, y ciudades como Toronto (Canadá), Salzburgo
(Austria), y últimamente algunas ciudades españolas, han establecido normas
que obligan a situar las antenas a 100, 200 e incluso 500 metros de lugares
habitados. En todo caso, estas normas establecen niveles de exposición para
seres humanos muy inferiores a los que se permiten actualmente en el resto de
los países, y hacen especial hincapié en apartar este tipo de instalaciones
de colegios y residencias geriátricas, ya que algunos estudios científicos
sugieren que niños y ancianos pueden ser los más afectados por una exposición
continuada.
En
estos países y ciudades, se está aplicando actualmente una política de
precaución, ya que algunas investigaciones científicas han establecido que
la población expuesta de forma continuada a niveles de radiación similares a
los emitidos por las antenas de telefonía celular l podrían experimentar un
incremento de: abortos, daños en el ADN, cambios en la actividad eléctrica
del cerebro y en la presión sanguínea, descenso de los niveles de
melatonina, depresiones, insomnio, dolores de cabeza, síndrome de fatiga crónica,
afección del sistema inmunológico, cáncer, tumores cerebrales y leucemia
infantil.
Estudios recientes alertaron que las normas de seguridad para la exposición incontrolada (público) podrían incumplirse si las antenas se instalaran de tal manera que el público tuviera acceso a zonas situadas a menos de 6 metros de las propias antenas. Esto podría producirse en antenas instaladas en, o cerca de las azoteas de los edificios. Por lo que se desprende que las antenas tendrían que estar acotadas. Las antenas de telefonía móvil suelen ser isotópicas, es decir, emiten en todas direcciones por igual, y no en haces muy estrechos, como las parabólicas de satélites.
Estas antenas de telefonía
móvil dan cobertura a zonas geográficas de geometría hexagonal, es decir
como a celdas de panal de abejas. Para conocer con exactitud la dosis que se
está recibiendo, se debe conocer la densidad de potencia de salida de la
antena, es decir la potencia de emisión, y la distancia a la que está una
persona.
La
opinión de la OMS
Entre
las fuentes comunes de campos de radiofrecuencias cabe citar las siguientes:
monitores y pantallas (3 - 30 kHz), aparatos de radio de amplitud modulada (30
kHz - 3 Mhz), calentadores industriales por inducción (0,3 - 3 MHz),
termoselladores, aparatos para diatermia quirúrgica (3 - 30 Mhz), aparatos de
radio de frecuencia modulada (30 - 300 Mhz), teléfonos
móviles, receptores de televisión, hornos microondas, aparatos para
diatermia quirúrgica (0,3 - 3 Ghz), aparatos de radar, dispositivos de
enlace por satélite, sistemas de
comunicaciones por microondas (3 - 30 Ghz) y radiaciones solares (3 - 300
Ghz).
Los
campos de radiofrecuencias son radiaciones no ionizantes. A diferencia de los
rayos X y gamma, son demasiado débiles para romper los enlaces que mantienen
unidas las moléculas en las células y, de ese modo, producir ionización.
Sin embargo, los campos de radiofrecuencias pueden causar diferentes efectos
en sistemas biológicos tales como células, plantas, animales o seres
humanos. Esos efectos dependen de la frecuencia e intensidad del campo. Ahora
bien, no todos ellos son perjudiciales para la salud.
Los
campos de radiofrecuencias de más de 10 Ghz son absorbidos por la superficie
de la piel, y es muy poca la energía que llega hasta los tejidos interiores.
La
cantidad dosimétrica básica para campos de radiofrecuencias de más de 10
Ghz es la intensidad del campo medida como densidad de potencia en vatios por
metro cuadrado (W/m2) o, para campos más débiles, en milivatios
por metro cuadrado (mW/m2) o en microvatios por metro cuadrado
(uW/m2).
Para que la exposición a campos de más de 10 Ghz produzca efectos perjudiciales para la salud, tales como catarata ocular y quemaduras cutáneas, se requiere densidades de potencias superiores a 1000 W/m2.
Esas potencias se
producen en las inmediaciones de radares potentes, pero las normas vigentes en
materia de exposición prohiben la presencia humana en esas zonas.
Los
campos de radiofrecuencias de 1 Mhz a 10 Ghz penetran en los tejidos expuestos
y producen calentamiento debido a la absorción de energía realizada. La
profundidad de penetración del campo de radiofrecuencias en el tejido depende
de la frecuencia del campo, siendo mayor en el caso de frecuencias bajas.
Según la Organización Mundial de la Salud, los campos de RF de 1 Mhz a 10 Ghz penetran los tejidos expuestos a profundidades que dependen de la frecuencia, hasta un centímetro en el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos celulares. La energía RF es absorbida en el cuerpo y produce calentamiento, pero el proceso termorregulatorio normal, disipa este calor.
Todos los efectos
establecidos debido a la exposición a la RF están relacionadas con el
calentamiento.
Los
campos de radiofrecuencias de menos de 1 Mhz no producen calentamientos
apreciables.
La
exposición a campos de radiofrecuencias y cáncer
Las
evidencias científicas actuales indican que es improbable que la exposición
a campos de RF, como los emitidos por los teléfonos móviles y sus antenas,
induzca o produzca cáncer. Un gran número de estudios realizados en animales
expuestos a campos de RF avala esta afirmación.
Sin
embargo, un estudio realizado en 1997 encontró que los campos de RF
incrementan la tasa de ratones genéticamente manipulados que desarrollan
leucemia, aunque las implicaciones de estos resultados para la salud humana no
son claras. Según la investigación, los campos de radiofrecuencias similares
a los utilizados en las telecomunicaciones móviles aumentan la incidencia del
cáncer en ratones modificados genéticamente que hayan estado expuestos en la
proximidad (0,65 m) de una antena de transmisión de radiofrecuencias. Por
ello, se están realizando estudios complementarios para confirmar este
hallazgo y la relevancia de estos resultados con el cáncer en seres humanos.
Se
ha notificado también que la exposición a campos de radiofrecuencias de baja
intensidad, insuficiente para producir calentamiento, altera la actividad eléctrica
del cerebro en gatos y conejos, al modificar la movilidad de los iones de
calcio. Este efecto se ha constatado asimismo en tejidos y células aislados.
Por
otra parte, en tres estudios epidemiológicos recientes no se
encontró evidencia convincente del incremento de riesgo de cáncer o
cualquier otra enfermedad debido al uso de teléfonos móviles.
Otros
riesgos en la salud:
Algunos
científicos han reportado otros efectos que incluyen cambios en la actividad
normal del cerebro, en el tiempo de reacción y en los patrones de sueño.
Estos efectos son mínimos y no tienen aparente significancia en la salud. Más
estudios se están llevando a cabo al respecto.
Recomendaciones
En
función de os datos anteriores, la OMS recomienda:
·
Estricta
adhesión a los estándares.
·
Consulta
con la Comunidad para la ubicación de Estaciones Base.
El emplazamiento de las antenas debe ofrecer buena cobertura para la señal y
debe ser de fácil acceso para su mantenimiento. Si bien los niveles de los
campos de RF en torno a la estación base no deben ser considerados un riesgo
a la salud, la decisión sobre su emplazamiento debe considerar tanto la estética
como la susceptibilidad del público.
·
La
ubicación cerca de jardines de infancia, colegios y parques recreacionales
debe tener especial consideración.
·
Comunicación
abierta y discusión entre los operadores de la telefonía móvil, los
municipios locales y el público en general durante la etapa de planificación
para una nueva antena o estación puede ayudar a lograr la comprensión del público
y la aceptación de la nueva estación.
·
Establecimiento
de un sistema de información efectivo sobre la salud y la comunicación entre
científicos, el gobierno, las industrias y el público en general para
incrementar el entendimiento general acerca de la tecnología de la telefonía
móvil. Esta información debe ser exacta y al mismo tiempo apropiada para el
buen entendimiento de aquellos para quienes está dirigida.
En
conclusión
La
OMS ha identificado la necesidad de investigaciones que permitan hacer mejores
evaluaciones de riesgo en la salud y promueve dichas investigaciones entre las
agencias que puedan financiarlas. Hasta el momento las investigaciones arrojan
los siguientes resultados:
Ninguna
de las recientes revisiones ha concluido que la exposición a campos de RF de
teléfonos móviles o a sus antenas tengan algún tipo de consecuencia adversa
en la salud. Sin embargo, se han identificado vacíos en las investigaciones,
que han determinado la ampliación de los estudios para hacer mejores
evaluaciones de los riesgos. Los resultados finales se conocerán recién en
el término de 3 a 4 años.
Para
que la exposición a campos magnéticos de mas de 10 GHz produzca efectos
perjudiciales para la salud, tales como catarata ocular y quemaduras cutáneas,
se requieren "in situ" densidades de potencia superiores a 1 W/m2.
Estas potencias no tienen lugar en la práctica, en la vida cotidiana, porque
se emiten en la inmediación de potentes radares, y las normas vigentes en
materia de exposición, prohíben la presencia humana en esas zonas acotadas
(Boletín nº 183 de la OMS, mayo 1998).
Sin
embargo...
El
director del Proyecto de Investigación CEM, declaró hace poco que:
"Los
teléfonos móviles en España han estado desde hace menos de 10 años,
y el periodo de incubación para el cáncer es de al menos 10 o 15 años. Por
tanto, se necesita realizar estudios para que si hay un impacto, se puedan
encontrar en un tiempo razonable".
En
esta línea, la Unión Europea ha recomendado a los países miembros que
adopten políticas de precaución, y que sigan investigando.
En
el año 1999, ante la preocupación y alarma social existente en el
Reino Unido, y las peticiones de Ayuntamientos para que se establecieran
criterios de instalación de antenas de telefonía móvil, el Ministerio de
Sanidad británico, creó el "Grupo de Expertos Independientes en Telefonía
Móvil", formado por médicos, biólogos, ingenieros, etc. Este grupo de
expertos, emitió su Informe en mayo del año 2000, y de él cabe destacar la
siguiente conclusión:
"Concluimos
que no es posible en el momento presente afirmar que la exposición a
radiofrecuencias (derivadas de la telefonía móvil y sus antenas) a niveles
inferiores a los establecidos en las normas de seguridad nacionales, no tenga
ningún efecto potencial adverso sobre la salud, y que las lagunas en el
conocimiento son suficientes para justificar una política de precaución".
Y es que no existe acuerdo entre los científicos sobre si la exposición
residencial a las ondas de una antena de telefonía móvil puede conllevar
riesgos para la salud humana. Existe un amplio consenso respecto a que no ha
sido demostrado que la exposición a estas ondas sea absolutamente segura.
Este
desacuerdo se produce porque es complicado realizar experimentos en
laboratorios, por lo que hace falta esperar los estudios epidemiológicos. En
definitiva, hay que esperar a que se empiecen a manifestar los síntomas y
enfermedades en la población expuesta. Esto
tardará todavía algunos años, ya que la tecnología de
telecomunicaciones móvil, y la exposición masiva de grupos de ciudadanos a
las ondas de sus teléfonos y antenas, es un fenómeno muy reciente.
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